Uno de los valores que nos ofrece el aprender un auténtico Arte Marcial, es que además de practicar una actividad física, también se enfoca la instrucción en la autodisciplina, que lleva al autocontrol de los impulsos más básicos, los que obran en una evolución propia. Además se practica un eficaz método de defensa personal.
Debido a lo anterior el Maestro suele decir que la resolución del verdadero conflicto y lucha, no es como aprender a dominar a los demás, sino como aprender a dominarse a sí mismo. Por ello el maestro pone, al alumno, en hechos límites, tanto físicos como emocionales, para que saque sus reflejos básicos más ocultos, los reconozca y a partir de ello aprenda a dominarlos. Cuando el alumno a entendido que el único rival es uno mismo, y es uno la causa y quien puede dar el mejor fin al conflicto, entonces descubre que el camino de las Artes Marciales, al contrario de un simple método que promueve la violencia, es un camino para la paz y el entendimiento, comprendiendo el término DO (camino de perfección) en su verdadera magnitud.
Las Artes Marciales, como disciplinas que buscan desarrollar al máximo el potencial que tiene el ser humano para la autodefensa, obligó a que los grandes maestros investigaran, no solo en otras artes marciales, sino que también en disciplinas y especialidades muy dispares, como el Yoga, el Chi kung, la acupuntura, el Shiatsu, el Zen, entre otras, en todas ellas buscando la técnica o el conocimiento que les aportara una mejor preparación a sus discípulos, y una mayor ventaja sobre sus rivales. De estas investigaciones, obtuvieron y desarrollaron técnicas tanto físicas, mentales como espirituales, que han tenido una importancia fundamental durante su desarrollo histórico.
Ejemplo de esto lo hallamos en muchas escuelas, pero de forma principal hay dos periodos que han marcado el desarrollo de las Artes Marciales; el primero, fue a inicios de nuestra era en China, cuando en el Templo de Shaolín, las Artes Marciales y la filosofía del Budismo Zen se encuentran; y el segundo fue, a principios del siglo XX en Japón y Corea, cuando los nuevos tiempos traen un cambio de mentalidad, y las Artes Marciales se trasforman cuando los Maestros Japoneses dejan el viejo método, creado tan sólo para el combate, y son vistas como disciplinas educativas, apoyadas en el auge mental y corporal, lucradas por la espiritualidad del Zen y su vía de enseñanza intuitiva.
Tras estos primeros cambios comienzan otros más tajantes, al insertar en las mismas, poco a poco, su lado competitivo y deportivo, con lo que logran una gran fama y apoyo social, pero traen el riesgo de alejarlas de sus raíces y objetivos originales.
Jigoro Kano fue el introductor del vocablo Do en las Artes Marciales. Si bien su significado no era algo nuevo ni ajeno a las mismas, lo que hizo Kano fue solo recalcar el antiguo vínculo existente entre el guerrero y su ideal de mejora individual, el cual estaba inmerso en la filosofía y en la cultura oriental. Este ideal pasaba por templar el carácter y el espíritu del guerrero a través de una dura y férrea instrucción marcial.
A partir de entonces, las Artes Marciales Japonesas y Coreanas, añaden la palabra DO como signo distintivo y común a la mayoría de ellas, el que también rinde un simbólico homenaje a sus orígenes en el Templo de Shaolín, en donde la inclusión de los ejercicios de lucha y su desarrollo dentro de la disciplina de los monjes fue, en un principio, más por interés espiritual que físico.
El DO, nos recuerda que la técnica, más que un fin en si misma, es la vía que nos lleva a la realización más plena de nosotros mismos, y que las Artes Marciales nos brindan la oportunidad de ejercitarnos y desarrollar tanto nuestras cualidades físicas y mentales, como las virtudes más nobles del ser humano. Ahora el camino ya no es la competición o la lucha contra los otros, pues el DO nos dice que el camino correcto está más allá de la victoria o la derrota, y que este se encuentra en la vía de la armonía.
El DO, nos indica que el Arte Marcial ya no es un método que solo busca el mayor poder en la lucha, y en donde el fin justifica los medios, sino que las convierten en un método ético de desarrollo y perfección personal. Así lo que antes era una cualidad secundaria, y que se podía obtener a través de la dura preparación, ahora pasa a ser su principal valor. El ser invencible en el combate pasa a un segundo plano, pues ahora y bajo la influencia de la filosofía Zen, entendemos que, lo esencial es reconocer que el real enemigo, al que tenemos que descubrir y controlar, está en nosotros mismos.
Ante los violentos y nuevos cambios sociales que la modernidad trae, los Maestros, ven como en las Artes Marciales se conserva lo más esencial del espíritu cultural de su pueblo, y ven como éstas son un extraordinario método para conservar estos valores universales.
Al verse las Artes Marciales, no solo como un gran sistema de Defensa Personal, sino como un cabal sistema para el desarrollo y mantención de las aptitudes físicas, al tiempo que desarrollan el carácter de quien lo practica, dio valor añadido a las mismas, y hace que salgan de sus menudos reductos y del celoso secretismo que por cientos de años las mantuvo de generación en generación, añadiéndolas en las escuelas como asignatura obligatoria, tanto de educación básica como universitaria.
Este bien que aporta las Artes Marciales a la sociedad, es al mismo tiempo causa que pierdan otra parte de sus grandes valores y conocimientos, pues para poder llegar a un número mayor de gente, han tenido que omitir algunas de sus vitales riquezas, sin embargo, muchos Maestros y escuelas particulares, han procurado progresar con los tiempos sin perder esta sapiencia más esotérica o menos popular.
1º. GI: Decisión, Verdad y Ecuanimidad.
2º. YU: Valor, Coraje y Olvido de sí Mismo.
3º. JIN: Comprensión, Caridad y Amor Universal.
4º. EI: Conducta Justa.
5º. MAKOTO: Total Sinceridad.
6º. MELYO: Honor y Gloria a través de la Abnegación y la verdad.
7º. CHUGI: Lealtad y Fidelidad a los principios.
Desarrollo de las tres vías del “DO”.
Las Artes Marciales, como cualquier otra disciplina docente, llevan parejo al principal objetivo de estudio, otros anexos y adjuntos. Esto, enriquece no solo su conocimiento sobre la especialidad, al poder estudiarla desde distintas áreas, sino que introduce al alumno en una formación mucho más completa, la cual le hará adquirir una madurez psicológica, acorde con el nivel obtenido en su formación definida.
Ninguna arte o método educativo, se entiende actualmente, sin tener en cuenta las metas docentes indicadas antes, y las Artes Marciales mucho menos, debido a su cualidad única, ya que son métodos que capacitan en poder matar a otra persona.
El Do, se entiende desde un significado más práctico e integrado con la formación técnica y moral del alumno en el día a día, pasando por otro más basado en un mayor conocimiento teórico sobre la técnica y cultura relacionada con las Artes Marciales, llegando también a otro que pone hincapié en los aspectos más profundos y espirituales de ellas, entendiendo estas tres vías desde una formación seria y severa, y no desde la de habladores y pseudo expertos que hacen una masa de ideas y filosofías, sin ninguna base ni formación científica, que ayude en el logro de los fines antes citados.
Si el Maestro tiene claras las metas a tener en cuenta para la plena formación de sus discípulos, sabrá que estos tres caminos son adjuntos y que no tienen por qué estar aislados, aunque el alumno puede no estar consciente de ello. Ninguno de estos tres estados o niveles de consciencia suele coincidir en un alumno en estado puro, sino como el estado de evolución predominante en ese momento de su vida y que, si en general se da una coincidencia entre el nivel de consciencia y el nivel del Dan adquirido, no siempre existe dicha relación. Por lo tanto estos tres niveles no están en verdad cubiertos, y es vital la evolución de los tres para el auge de un carácter equilibrado.
Al igual que el Maestro Zen, intenta conducir poco a poco al alumno al autodescubrimiento, el Maestro de Artes Marciales, intenta conducir al alumno de un nivel a otro superior de conciencia. Esto se consigue sin ningún tipo de adoctrinamiento, solo con el ejemplo, la atención, y la correcta preparación.
Primera Vía: La Física.
Al ponernos frente a sucesos límites, el Maestro nos hace sacar esos actos e instintos que solemos ocultar, de esta forma los podremos reconocer, y a partir de ello aprender a vencerlos en forma correcta y útil, no represivamente. En este estado, es cuando valoramos ante todo al Arte Marcial, por la aptitud física y técnica que aporta.
En este primer nivel el alumno, que vea las Artes Marciales solo desde el ángulo deportivo, entenderá el Do como la riqueza adquirida en la formación de su carácter, tras desarrollar sus capacidades de sufrimiento, voluntad, disciplina y auto superación, entre otras, las cuales le han formado su personalidad, y le pueden ayudar en su vida diaria para poder conseguir el éxito y vencer en las situaciones más adversas.
En este nivel no se suele notar el motivo y valor de los pumses, y se suele estar influido por la cultura no solidaria del placer prosaico, del tener más que la del Ser, la que se caracteriza por el egoísmo, al reflejar sobre todo el gastar y el anarquismo.
Comúnmente predomina este estado hasta conseguir el 1º ó 2º Dan.
Segunda Vía: La Mental.
A través de la disciplina y los principios éticos y morales que caracterizan a las Artes Marciales, vamos logrando también el autocontrol físico, mental y emocional vitales, además se ahonda en los aspectos teóricos tanto físicos y técnicos, como de historia y filosofía.
Cuando se ha logrado reconocer y vencer los aspectos más conflictivos y nocivos de su temple, logra el cambio psicofísico preciso, que le hace descubrir el valor superior de las Artes Marciales, pues sabe con certeza que el peor enemigo no es otro que él mismo, con miedos y angustias, hábitos negativos, y deseos incontrolados, etc.
Ahora, comprende que el valor principal que le trasmite el Arte Marcial, no es la pericia que le ha dado para defenderse y poder superar a otros ante un posible ataque físico, sino la facultad y juicio que le ha permitido superarse y pulirse como ser humano, siendo capaz de saber defenderse de las agresiones mentales, que son mucho más nefastas y que son en gran medida el origen a las agresiones físicas.
En este nivel, el discípulo entiende que el DO es el auge de una aptitud y formación más cabal, como artista marcial y como ser humano, y que existe en una realidad social precisa, a la cual debe de apoyar con la formación más apta a su tiempo. Ya no entiende el DO solo como una forma de vida personal, sino con y para los demás.
Ya se nota que la cultura egoísta del placer nos trae una aflicción perenne. Se empieza a entender el valor de la solidaridad, lograda a través del aliento y la ayuda, primero a nuestros compañeros y luego transmitida a la sociedad en común, en la que el egoísmo se convierte en generosidad, el individualismo en ayuda a la sociedad, etc.
El alumno, sin dejar los valores atléticos, entiende y estima mejor el arte marcial, y ve en los pumses una parte esencial y vital, saboreando su control y dominio.
Suele darse el predominio de este estado mental, entre el 2º y el 5º Dan.
Tercero: La emocional ó espiritual:
Cuando se ha alcanzado el segundo estado de proceso, en su real y no solo teórica dimensión, ya se está listo, para que si lo desea, de un paso más y pueda ahondar en los aspectos más profundos y espirituales del ser humano, como individuo que se trasciende a sí mismo y se identifica con su verdadera dimensión Universal.
En este tercer nivel, el alumno empieza a entender la importancia y relación que tienen disciplinas como el Zen, para un mejor progreso espiritual. La importancia que tienen dentro de las artes marciales y como estas le pueden llevar, poco a poco de la mano, al artista marcial a desarrollar una suma capacidad, sensibilidad y conocimiento sobre sí mismo y su existencia, que le despierta al estado más alto y profundo del entendimiento humano. Ya no ve a la filosofía Oriental como suplente de la Occidental, sino como complementaria y enriquecedora para el género humano.
Comprende como las Artes Marciales pueden ayudar a formar tanto el físico como el espíritu. Entiende el Do como una vía de perfección, y experimenta la realidad de la unidad existencial, en la que reconoce que los demás también es Él.
En este tercer nivel, el ser individualista del primero que se convierte en solidario en el segundo, trasciende a una nueva percepción de consciencia, que le hace ver su relación y hermandad con la existencia, además entiende el verdadero valor y respeto a tener por la ecología y la madre naturaleza que nos dio el Ser.
Suele darse este estado de consciencia a partir del 4º o 5º Dan.
Debido a lo anterior el Maestro suele decir que la resolución del verdadero conflicto y lucha, no es como aprender a dominar a los demás, sino como aprender a dominarse a sí mismo. Por ello el maestro pone, al alumno, en hechos límites, tanto físicos como emocionales, para que saque sus reflejos básicos más ocultos, los reconozca y a partir de ello aprenda a dominarlos. Cuando el alumno a entendido que el único rival es uno mismo, y es uno la causa y quien puede dar el mejor fin al conflicto, entonces descubre que el camino de las Artes Marciales, al contrario de un simple método que promueve la violencia, es un camino para la paz y el entendimiento, comprendiendo el término DO (camino de perfección) en su verdadera magnitud.
Las Artes Marciales, como disciplinas que buscan desarrollar al máximo el potencial que tiene el ser humano para la autodefensa, obligó a que los grandes maestros investigaran, no solo en otras artes marciales, sino que también en disciplinas y especialidades muy dispares, como el Yoga, el Chi kung, la acupuntura, el Shiatsu, el Zen, entre otras, en todas ellas buscando la técnica o el conocimiento que les aportara una mejor preparación a sus discípulos, y una mayor ventaja sobre sus rivales. De estas investigaciones, obtuvieron y desarrollaron técnicas tanto físicas, mentales como espirituales, que han tenido una importancia fundamental durante su desarrollo histórico.
Ejemplo de esto lo hallamos en muchas escuelas, pero de forma principal hay dos periodos que han marcado el desarrollo de las Artes Marciales; el primero, fue a inicios de nuestra era en China, cuando en el Templo de Shaolín, las Artes Marciales y la filosofía del Budismo Zen se encuentran; y el segundo fue, a principios del siglo XX en Japón y Corea, cuando los nuevos tiempos traen un cambio de mentalidad, y las Artes Marciales se trasforman cuando los Maestros Japoneses dejan el viejo método, creado tan sólo para el combate, y son vistas como disciplinas educativas, apoyadas en el auge mental y corporal, lucradas por la espiritualidad del Zen y su vía de enseñanza intuitiva.
Tras estos primeros cambios comienzan otros más tajantes, al insertar en las mismas, poco a poco, su lado competitivo y deportivo, con lo que logran una gran fama y apoyo social, pero traen el riesgo de alejarlas de sus raíces y objetivos originales.
Jigoro Kano fue el introductor del vocablo Do en las Artes Marciales. Si bien su significado no era algo nuevo ni ajeno a las mismas, lo que hizo Kano fue solo recalcar el antiguo vínculo existente entre el guerrero y su ideal de mejora individual, el cual estaba inmerso en la filosofía y en la cultura oriental. Este ideal pasaba por templar el carácter y el espíritu del guerrero a través de una dura y férrea instrucción marcial.
A partir de entonces, las Artes Marciales Japonesas y Coreanas, añaden la palabra DO como signo distintivo y común a la mayoría de ellas, el que también rinde un simbólico homenaje a sus orígenes en el Templo de Shaolín, en donde la inclusión de los ejercicios de lucha y su desarrollo dentro de la disciplina de los monjes fue, en un principio, más por interés espiritual que físico.
El DO, nos recuerda que la técnica, más que un fin en si misma, es la vía que nos lleva a la realización más plena de nosotros mismos, y que las Artes Marciales nos brindan la oportunidad de ejercitarnos y desarrollar tanto nuestras cualidades físicas y mentales, como las virtudes más nobles del ser humano. Ahora el camino ya no es la competición o la lucha contra los otros, pues el DO nos dice que el camino correcto está más allá de la victoria o la derrota, y que este se encuentra en la vía de la armonía.
El DO, nos indica que el Arte Marcial ya no es un método que solo busca el mayor poder en la lucha, y en donde el fin justifica los medios, sino que las convierten en un método ético de desarrollo y perfección personal. Así lo que antes era una cualidad secundaria, y que se podía obtener a través de la dura preparación, ahora pasa a ser su principal valor. El ser invencible en el combate pasa a un segundo plano, pues ahora y bajo la influencia de la filosofía Zen, entendemos que, lo esencial es reconocer que el real enemigo, al que tenemos que descubrir y controlar, está en nosotros mismos.
Ante los violentos y nuevos cambios sociales que la modernidad trae, los Maestros, ven como en las Artes Marciales se conserva lo más esencial del espíritu cultural de su pueblo, y ven como éstas son un extraordinario método para conservar estos valores universales.
Al verse las Artes Marciales, no solo como un gran sistema de Defensa Personal, sino como un cabal sistema para el desarrollo y mantención de las aptitudes físicas, al tiempo que desarrollan el carácter de quien lo practica, dio valor añadido a las mismas, y hace que salgan de sus menudos reductos y del celoso secretismo que por cientos de años las mantuvo de generación en generación, añadiéndolas en las escuelas como asignatura obligatoria, tanto de educación básica como universitaria.
Este bien que aporta las Artes Marciales a la sociedad, es al mismo tiempo causa que pierdan otra parte de sus grandes valores y conocimientos, pues para poder llegar a un número mayor de gente, han tenido que omitir algunas de sus vitales riquezas, sin embargo, muchos Maestros y escuelas particulares, han procurado progresar con los tiempos sin perder esta sapiencia más esotérica o menos popular.
1º. GI: Decisión, Verdad y Ecuanimidad.
2º. YU: Valor, Coraje y Olvido de sí Mismo.
3º. JIN: Comprensión, Caridad y Amor Universal.
4º. EI: Conducta Justa.
5º. MAKOTO: Total Sinceridad.
6º. MELYO: Honor y Gloria a través de la Abnegación y la verdad.
7º. CHUGI: Lealtad y Fidelidad a los principios.
Desarrollo de las tres vías del “DO”.
Las Artes Marciales, como cualquier otra disciplina docente, llevan parejo al principal objetivo de estudio, otros anexos y adjuntos. Esto, enriquece no solo su conocimiento sobre la especialidad, al poder estudiarla desde distintas áreas, sino que introduce al alumno en una formación mucho más completa, la cual le hará adquirir una madurez psicológica, acorde con el nivel obtenido en su formación definida.
Ninguna arte o método educativo, se entiende actualmente, sin tener en cuenta las metas docentes indicadas antes, y las Artes Marciales mucho menos, debido a su cualidad única, ya que son métodos que capacitan en poder matar a otra persona.
El Do, se entiende desde un significado más práctico e integrado con la formación técnica y moral del alumno en el día a día, pasando por otro más basado en un mayor conocimiento teórico sobre la técnica y cultura relacionada con las Artes Marciales, llegando también a otro que pone hincapié en los aspectos más profundos y espirituales de ellas, entendiendo estas tres vías desde una formación seria y severa, y no desde la de habladores y pseudo expertos que hacen una masa de ideas y filosofías, sin ninguna base ni formación científica, que ayude en el logro de los fines antes citados.
Si el Maestro tiene claras las metas a tener en cuenta para la plena formación de sus discípulos, sabrá que estos tres caminos son adjuntos y que no tienen por qué estar aislados, aunque el alumno puede no estar consciente de ello. Ninguno de estos tres estados o niveles de consciencia suele coincidir en un alumno en estado puro, sino como el estado de evolución predominante en ese momento de su vida y que, si en general se da una coincidencia entre el nivel de consciencia y el nivel del Dan adquirido, no siempre existe dicha relación. Por lo tanto estos tres niveles no están en verdad cubiertos, y es vital la evolución de los tres para el auge de un carácter equilibrado.
Al igual que el Maestro Zen, intenta conducir poco a poco al alumno al autodescubrimiento, el Maestro de Artes Marciales, intenta conducir al alumno de un nivel a otro superior de conciencia. Esto se consigue sin ningún tipo de adoctrinamiento, solo con el ejemplo, la atención, y la correcta preparación.
Primera Vía: La Física.
Al ponernos frente a sucesos límites, el Maestro nos hace sacar esos actos e instintos que solemos ocultar, de esta forma los podremos reconocer, y a partir de ello aprender a vencerlos en forma correcta y útil, no represivamente. En este estado, es cuando valoramos ante todo al Arte Marcial, por la aptitud física y técnica que aporta.
En este primer nivel el alumno, que vea las Artes Marciales solo desde el ángulo deportivo, entenderá el Do como la riqueza adquirida en la formación de su carácter, tras desarrollar sus capacidades de sufrimiento, voluntad, disciplina y auto superación, entre otras, las cuales le han formado su personalidad, y le pueden ayudar en su vida diaria para poder conseguir el éxito y vencer en las situaciones más adversas.
En este nivel no se suele notar el motivo y valor de los pumses, y se suele estar influido por la cultura no solidaria del placer prosaico, del tener más que la del Ser, la que se caracteriza por el egoísmo, al reflejar sobre todo el gastar y el anarquismo.
Comúnmente predomina este estado hasta conseguir el 1º ó 2º Dan.
Segunda Vía: La Mental.
A través de la disciplina y los principios éticos y morales que caracterizan a las Artes Marciales, vamos logrando también el autocontrol físico, mental y emocional vitales, además se ahonda en los aspectos teóricos tanto físicos y técnicos, como de historia y filosofía.
Cuando se ha logrado reconocer y vencer los aspectos más conflictivos y nocivos de su temple, logra el cambio psicofísico preciso, que le hace descubrir el valor superior de las Artes Marciales, pues sabe con certeza que el peor enemigo no es otro que él mismo, con miedos y angustias, hábitos negativos, y deseos incontrolados, etc.
Ahora, comprende que el valor principal que le trasmite el Arte Marcial, no es la pericia que le ha dado para defenderse y poder superar a otros ante un posible ataque físico, sino la facultad y juicio que le ha permitido superarse y pulirse como ser humano, siendo capaz de saber defenderse de las agresiones mentales, que son mucho más nefastas y que son en gran medida el origen a las agresiones físicas.
En este nivel, el discípulo entiende que el DO es el auge de una aptitud y formación más cabal, como artista marcial y como ser humano, y que existe en una realidad social precisa, a la cual debe de apoyar con la formación más apta a su tiempo. Ya no entiende el DO solo como una forma de vida personal, sino con y para los demás.
Ya se nota que la cultura egoísta del placer nos trae una aflicción perenne. Se empieza a entender el valor de la solidaridad, lograda a través del aliento y la ayuda, primero a nuestros compañeros y luego transmitida a la sociedad en común, en la que el egoísmo se convierte en generosidad, el individualismo en ayuda a la sociedad, etc.
El alumno, sin dejar los valores atléticos, entiende y estima mejor el arte marcial, y ve en los pumses una parte esencial y vital, saboreando su control y dominio.
Suele darse el predominio de este estado mental, entre el 2º y el 5º Dan.
Tercero: La emocional ó espiritual:
Cuando se ha alcanzado el segundo estado de proceso, en su real y no solo teórica dimensión, ya se está listo, para que si lo desea, de un paso más y pueda ahondar en los aspectos más profundos y espirituales del ser humano, como individuo que se trasciende a sí mismo y se identifica con su verdadera dimensión Universal.
En este tercer nivel, el alumno empieza a entender la importancia y relación que tienen disciplinas como el Zen, para un mejor progreso espiritual. La importancia que tienen dentro de las artes marciales y como estas le pueden llevar, poco a poco de la mano, al artista marcial a desarrollar una suma capacidad, sensibilidad y conocimiento sobre sí mismo y su existencia, que le despierta al estado más alto y profundo del entendimiento humano. Ya no ve a la filosofía Oriental como suplente de la Occidental, sino como complementaria y enriquecedora para el género humano.
Comprende como las Artes Marciales pueden ayudar a formar tanto el físico como el espíritu. Entiende el Do como una vía de perfección, y experimenta la realidad de la unidad existencial, en la que reconoce que los demás también es Él.
En este tercer nivel, el ser individualista del primero que se convierte en solidario en el segundo, trasciende a una nueva percepción de consciencia, que le hace ver su relación y hermandad con la existencia, además entiende el verdadero valor y respeto a tener por la ecología y la madre naturaleza que nos dio el Ser.
Suele darse este estado de consciencia a partir del 4º o 5º Dan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario